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¿Cómo ser luz para los demás?

  • Foto del escritor: Johana Jmz
    Johana Jmz
  • 4 sept 2020
  • 2 Min. de lectura

Ser luz significa que vean a Cristo a través de ti, lo podríamos explicar de una manera mas simple como si tu portaras una vela y que el fuego de la vela sea Dios, mientras tu eres el que esta llevando esa luz a las demás personas, ya que ese es el propósito que Dios tiene para nosotros, entonces es ahí como las demás personas pueden ver esa luz en ti, en otras palabras ven la gracia de Dios que esta sobre ti.


El ser luz es comprometerse con el hermano, convivir, amarlo, perdonarlo, servirle, hacer que la vida en familia sea agradable, alegre y siempre haya apoyo recíproco.

Mateo 5:14-16 "Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero,(B) y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos".


Somos llamados a ser testigos de nuestro cristianismo en este mundo, y dar nuestro testimonio a las demás personas, y este testimonio debe realizarse no tanto con muchas palabras, sino con nuestras acciones y obras. Porque el mundo moderno quiere que las palabras se traduzcan en hechos; los principios, en efectos; la fe y la caridad, en obras. El mundo actual no se convertirá nunca a Dios, si no encuentra en nosotros, en nuestras vidas cristianas, un signo y testimonio de la presencia de Dios en ti y en lo que haces. Desde la partida de Jesús en este mundo, Él ya no tiene ya más que una aparición posible, la nuestra. El único rostro que Él puede mostrar a nuestros hermanos que no lo conocen, para llamarlos y convertirlos, es el nuestro, el de nuestras familias, el de nuestras comunidades y grupos. Entonces, ¿Cómo podemos ser luz para los demás? El signo característico del cristiano auténtico, que nunca debe de faltar es nuestras vidas, es el amor, el amor a Dios y el amor a los hermanos. Seremos sal de la tierra, luz del mundo en la medida en que seamos testigos fieles del amor sin límites de Jesucristo, en nuestra propia vida. Es la única prueba convincente de que Él sigue vivo, que nuestra congregación, nuestras familias, cada uno de nosotros vivamos con tanto amor y entrega al servicio, que los demás sientan ganas de unirse al amor de Dios y quieran ser también de bendición para otras personas. Que ellos sólo puedan explicarse nuestra entrega cristiana, admitiendo que Cristo se ha hecho vivo de nuevo en nosotros.



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